Sabemos que el enamoramiento dura poco [...]. Después vienen las dificultades, pero yo estoy dispuesta a atravesarlas

Se dice que las relaciones de pareja son como bailar. De hecho, cada pareja es una danza. Algunas son armónicas, estéticas y sincronizadas; otras, extrañas, incomprensibles para cualquiera que no sea uno de los bailarines. Muchas son comunes y estereotipadas, casi siempre aburridas y rutinarias; unas cuantas son originales, creativas e irreproducibles. Muchas viven atadas rígidamente a la coreografía que impone el momento, las costumbres, la cultura; y otras, por fin, son verdaderas improvisaciones expresivas que transmiten la vibración de los que danzan al ser impactados por cada acorde y al dejarse fluir por el movimiento que brota desde su interior. Sin duda, cada pareja es una danza.

La cuestión quizá sea qué clase de baile estamos dispuestos a bailar. Quizá algunos sean menos “clásicos” de lo que aparentan… y otros sean más “rígidos” de lo que el ojo ve. Pero cada uno de nosotros tenemos que escoger qué danza queremos bailar, si es que acaso queremos alguna. A este respecto, me preguntaba si bailarines con estilos aparentemente diferentes podrían bailar juntos… Cito: More

No olvides que somos vulnerables pero no necesariamente frágiles

Una persona es vulnerable no por la imagen que puede dar de ello, sino porque en cierto momento se ve privada de su fuerza por haber sido puesto al descubierto un “agujero” en su defensa. De hecho, así funcionan las batallas: los contrincantes siempre están intentando descubrir el talón de Aquiles de su contrario, buscando su punto débil o vulnerable. Pero eso no significa que una persona sea necesariamente débil o frágil, sino humana. Soy más específico.

Hay personas que damos la impresión de seguros, correctos, educados, contenidos, pacientes, analistas, controladores, sesudos, meditativos, serios, ordenados, distantes, racionales, reprochadores, pedantes, indiferentes, pulcros y equilibrados… ¡y no somos ni la mitad! Sin embargo, estamos deseando (literalmente) ser nuestro lado más oculto, es decir, inseguros, vulgares, extrovertidos, improvisadores, deshinibidos, sin vergüenza, sin miedo escénico, fuera de la norma, sin pensar demasiado las cosas, diciendo tonterías, metiendo la pata, dejarnos llevar por la rabia, mostrando descontrol y desorden… Puedo asegurar que, personalmente, lo deseo más veces de las que muchos se imaginarían. Y aún deseo más que la gente me permita mostrárselo y lo descubra. Y sé que algunas cosas no las debo hacer, como dejarme llevar por la rabia, pero sé que el hacerlo me haría ser más “humano” y causar menos rechazo. ”¿Y por qué no lo eres?”, alguien podría preguntar. Creo que, principalmente, por dos razones: More

“Puse un pie detrás del otro” (Chogyam Trungpa)

Se dice que estas palabras fueron expresadas por un maestro tibetano al que una vez le preguntaron cómo había logrado escapar de la invasión china arrastrándose por las nieves del Himalaya, con escasa preparación y provisiones, sin certeza sobre la ruta ni sobre el resultado de su huída. Un pie detrás del otro… suena a resignación, pero no lo es.

Hace años (y parece que también en la actualidad) se creía que para llegar a conocer ciertos aspectos profundos del ser humano había que recluirse en algún monasterio perdido en el monte, o llevando una vida ermitañamente meditativa. Pero seguro que más de uno concordará en que las relaciones íntimas son una tierra indómita que nos coloca cara a cara con todos nuestros “dioses” y “demonios”. Es ahí, en la intimidad, en la vulnerabilidad, en el sentimiento de confianza mutua, en la exhibición deshinibida, en la exposición total… ahí, ahí es donde surge la verdad y uno se mira en el espejo y puede contestar “¿quién soy?”. Lógicamente, no se sabe cómo es uno mismo hasta que se enfrenta a cierta situación y, por lo tanto, tendríamos que experimentar miles de cosas para conocernos completamente, y aún así no tendríamos suficiente. Pero no me refiero a conocernos pormenorizadamente, sino a nuestro ser personal, la persona que llevamos dentro y que por nuestra infancia, nuestra crianza, nuestra juventud, nuestras experiencias, no dejamos salir tan fácilmente, o viceversa.

Ahí radica la esencia del descubrimiento: las relaciones íntimas. Ahí podremos conocer de una manera (más o menos) completa lo que somos y lo que queremos ser. Pero como se puede deducir, hay que ser muy valientes, mirarse en el espejo, y querer cambiar. Cito: More

El momento de dejar las ilusiones, es decir, “vamos a disfrutar de lo que hay y dejemos de llorar por lo imposible”, es decisivo para la vida de una persona

Todos amamos nuestras ilusiones y no es fácil dejarlas. Sin embargo, al final, sea como sea, la realidad siempre se impone. La realidad “es”, y ante ella las ilusiones se disipan. El punto de inflexión se encuentra en cómo queramos tomarnos nosotros dicha vuelta a la realidad. Podemos negarla, rechazarla y patalear o, por el contrario, ser valientes (en todo el sentido de la palabra), aceptarla y convivir con ella. Y quien diga que esto es fácil cuando hay sentimientos envueltos que dé un paso al frente.

Quizá, después de todo, imaginarnos el futuro (especialmente el sentimental) no sea la mejor opción. Cito: More

Nombrar es definir y definir es empezar a controlar, porque no se puede tener control sobre lo que no se puede definir ni nombrar

Como la mayoría, a veces he sentido cosas que no he sido capaz de llamar por un nombre y me han dejado un intenso sabor a impotencia en las neuronas y el corazón. Al igual que en medicina, es un verdadero brete el saber que algo te está ocurriendo pero, puesto que no hay un diagnóstico que coincida con los síntomas, no se puede tratar el problema.

Lo mismo sucede con las cosas que sentimos y/o pensamos. Aunque suene des-sentimentalizado (si se me permite la licencia), creo con sinceridad que nuestra mente debe moderar nuestro corazón y no debemos actuar como el dicho heroico de las películas: “¡No pienses! ¡Siente!”. Sí, suena genial y emociona el corazón… pero no es provechoso a largo plazo. Así que si queremos poner fin o principio a las cosas que sentimos, debemos llamarlas por un nombre y, como se puede deducir, le toca a la mente dárselo.

Particularmente cuando se empieza una relación, es importante ser consciente de lo que se siente y que la mente modere los sentimientos, no yendo demasiado rápido ni demasiado lento en la toma de decisiones. Al mismo tiempo, se ha de hacer un gran esfuerzo por identificar lo que nos atrae de la otra persona, el porqué y tener un poco de visión de futuro. Cito: More

“Una piedra nunca te irrita a menos que esté en tu camino” (Hugh Prater)

Me hace gracia pensar detenidamente en cómo lo que nos irrita de los demás es, probablemente, lo que nos molesta de nosotros mismos y que, por alguna razón (racional o no) reprimimos dentro de nosotros. Y digo gracia por no decir frustración.

¿Por qué frustración? Porque ese sentimiento de irritación es eso, un sentimiento, y la razón debería controlarlo, pero no… Con la experiencia de la vida uno se da cuenta que los sentimientos viven en su propia realidad y sólo se dejan manipular por mentes muy poderosas y conscientes en todo momento del mundo real que las rodea y cómo sus sentimientos se están viendo afectados por ella.

Relacionándolo con el tema de las relaciones de pareja, creo que habitualmente proyectamos en la otra persona las partes de nosotros mismos que más rechazamos. Y es justo en el momento que nos damos cuenta de cómo nos molesta algo de la otra persona cuando hay que despertar y pensar en cómo eso que nos molesta en nosotros mismos, es decir, cómo esa piedra está en nosotros y la manera en que nos está molestando, sin pensar en la otra persona.

Y, ¿no será más fácil dejarse llevar por los sentimientos y no pensar tanto? Sí, no hay duda… pero es igualmente innegable el alto grado de probabilidad de fracaso posterior. Cito: More

Proyecciones… una palabra muy utilizada en el argot del séptimo arte. Pero quizá nunca nos hemos parado a pensar cómo, más a menudo de lo que nos imaginamos, nos convertimos en máquinas de cine andantes que observan lo que ocurre a su alrededor como si de una película filmada a medida se tratara. Es decir:

Fritz Perls solía decir que el ochenta por ciento de toda nuestra percepción del mundo es pura proyección… Y cuentan que después de decirlo miraba a los ojos de su interlocutor y añadía: “… y la mayor parte del veinte por ciento restante, también“.

Y no puedo decir que no esté de acuerdo con ello. Toda la realidad que nos rodea entra como tal por nuestro nervio óptico hasta el cerebro, pero este último se encarga de que modifiquemos dicha realidad casi a nuestro capricho en función de muchas factores, como el estado de ánimo, el grado de conocimiento, la educación e incluso el clima. Por ejemplo, no es lo mismo percibir un precioso día soleado de primavera cuando la vida nos va bien, que cuando hemos perdido un ser querido. La realidad no cambia: un precioso día soleado de primavera, pero nuestra percepción sí. Mientras que en aquel caso proyectamos felicidad, en este proyectamos tristeza. Pero la realidad sigue siendo la misma.

Lo mismo sucede con las personas que nos rodean, particularmente con una pareja. Cito: More

El idealismo… ¿virtud problemática o problema virtuoso? En general, habría mucho que debatir sobre el tema… Sin embargo, en lo concerniente a las relaciones personales la visión idealizada de la otra persona es un verdadero obstáculo que no todo el mundo alcanza a superar. Y puesto que hasta la fecha soy deficiente en ello, cito palabras de otros:

Esta es, pues, la nueva propuesta: empezar a pensar en la [otra persona] desde otro lugar, desde el lugar de lo posible y no de lo ideal.

Por eso vamos a intentar ver los conflictos no sólo como un camino para superar mis barreras y poder acercarme así al otro, sino también como un camino para encontrarme con [la otra persona] y, por supuesto, a partir de lo dicho, como un camino para producir el transformador encuentro conmigo mismo.

‘Pensar en lo posible y no en lo ideal’… está difícil la empresa, sobretodo para un servidor. Puede parecer fácil con personas ajenas a la vida de uno, pero cuando los sentimientos están envueltos… Pero soy más concreto: More

Descubre la realidad real

Actualmente estoy leyendo un libro que ha cambiado considerablemente mi forma de ver ciertos asuntos, especialmente los que tienen que ver con mi modo de ver las relaciones humanas. Es raro, ligeramente humillante y bastante frustrante pero, sin duda, muy iluminador el ver cómo unas pocas líneas de raciocinio lógico pueden ayudarme a ser feliz a pesar del aparente viento en contra. Como muestra, transcribo:

Es muy diferente enfrentarse a los conflictos que surgen en una relación con la actitud de reflexionar sobre “qué me pasa a mí” que enfrentarse a ellos con enfado pensando que el problema es que estoy con la persona inadecuada.

Muchas parejas terminan separándose porque creen que con otro sería distinto y, por supuesto, después se encuentran con situaciones similares en las que lo único que ha cambiado es el interlocutor.

[...] Es sorprendente ver cómo la gente busca esta situación ideal: “Y cuando el señor X se da cuenta de que su pareja no se corresponde con ese modelo romántico ideal y novelesco, insiste en decirse que otros sí tienen esa relación idílica que él está buscando, pero él tuvo mala suerte… porque se casó con la persona equivocada…”. ¡No! ¡No es así!

No se casó con la persona equivocada.

Lo único equivocado es su idea previa sobre el matrimonio, la idea de la pareja perfecta. En cierto modo, me tranquiliza saber que esto que no tengo no lo tiene nadie, que la pareja ideal es una idea de ficción y que la realidad es muy diferente.

[...] La propuesta es: hagamos con la vida posible… lo mejor posible.

Y aquí es donde viene el aguijón que realmente me ha hecho despertar a una dura realidad:

Sufrir porque las cosas no son como yo me las había imaginado no sólo es inútil, sino que además es infantil.

septiembre 15th, 2010

Bajo el agua no se ve el agua

No Comments, Sentimientos, by David Díaz.

La ilustración no puede ser mejor.

¿Moraleja? Hay que emerger a la superficie para tener una imagen global del problema y su posible solución.

En cualquier caso, lo que a uno no le mata, le hace crecer más fuerte.