diciembre 5th, 2010
Teoría psicosocial aplicada (Parte IX)
No Comments, Raciocinio, Sentimientos, by David Díaz.Sabemos que el enamoramiento dura poco [...]. Después vienen las dificultades, pero yo estoy dispuesta a atravesarlas
Se dice que las relaciones de pareja son como bailar. De hecho, cada pareja es una danza. Algunas son armónicas, estéticas y sincronizadas; otras, extrañas, incomprensibles para cualquiera que no sea uno de los bailarines. Muchas son comunes y estereotipadas, casi siempre aburridas y rutinarias; unas cuantas son originales, creativas e irreproducibles. Muchas viven atadas rígidamente a la coreografía que impone el momento, las costumbres, la cultura; y otras, por fin, son verdaderas improvisaciones expresivas que transmiten la vibración de los que danzan al ser impactados por cada acorde y al dejarse fluir por el movimiento que brota desde su interior. Sin duda, cada pareja es una danza.
La cuestión quizá sea qué clase de baile estamos dispuestos a bailar. Quizá algunos sean menos “clásicos” de lo que aparentan… y otros sean más “rígidos” de lo que el ojo ve. Pero cada uno de nosotros tenemos que escoger qué danza queremos bailar, si es que acaso queremos alguna. A este respecto, me preguntaba si bailarines con estilos aparentemente diferentes podrían bailar juntos… Cito: More
Una persona es vulnerable no por la imagen que puede dar de ello, sino porque en cierto momento se ve privada de su fuerza por haber sido puesto al descubierto un “agujero” en su defensa. De hecho, así funcionan las batallas: los contrincantes siempre están intentando descubrir el talón de Aquiles de su contrario, buscando su punto débil o vulnerable. Pero eso no significa que una persona sea necesariamente débil o frágil, sino humana. Soy más específico.
Se dice que estas palabras fueron expresadas por un maestro tibetano al que una vez le preguntaron cómo había logrado escapar de la invasión china arrastrándose por las nieves del Himalaya, con escasa preparación y provisiones, sin certeza sobre la ruta ni sobre el resultado de su huída. Un pie detrás del otro… suena a resignación, pero no lo es.
Todos amamos nuestras ilusiones y no es fácil dejarlas. Sin embargo, al final, sea como sea, la realidad siempre se impone. La realidad “es”, y ante ella las ilusiones se disipan. El punto de inflexión se encuentra en cómo queramos tomarnos nosotros dicha vuelta a la realidad. Podemos negarla, rechazarla y patalear o, por el contrario, ser valientes (en todo el sentido de la palabra), aceptarla y convivir con ella. Y quien diga que esto es fácil cuando hay sentimientos envueltos que dé un paso al frente.
Me hace gracia pensar detenidamente en cómo lo que nos irrita de los demás es, probablemente, lo que nos molesta de nosotros mismos y que, por alguna razón (racional o no) reprimimos dentro de nosotros. Y digo gracia por no decir frustración.
